viernes, 8 de julio de 2011

Cero

Todo empezó hace 10 años, cuando yo estaba sentado en la puerta de mi casa intentando descubrir si los chanchitos de la humedad podían caminar si los dejaba sin patitas de una en una, cuando vi llegar un camión de mudanza que se estaciono en la acera de enfrente, en la puerta de una casa que acababan de vender, recuerdo a sus antiguos dueños, una anciana muy anciana, la leyenda urbana decía que tenía como 300 años y que se mantenía viva porque se comía los juguetes que caían en su jardín, y su esposo un anciano muy bonachón que de vez en cuando nos invitaba a que trepemos en su árbol de ciruelas, el único árbol de mi calle, y comamos lo que consiguiéramos sacar, que casi siempre era alguna verde y acida, pero que comíamos solo por el hecho de demostrar que logramos obtenerla, recuerdo también que un año antes de esta mudanza la anciana resbalo saliendo de su casa y sufrió un golpe tan fuerte que le ocasiono una caída que posteriormente le costaría la vida, en mi mente esta aun la imagen del velorio, ese ritual de tortura al señor que quedaba viudo, a quien nunca más vi sonreír, la recuerdo también porque fue la primera vez que use un terno todos irán vestidos de negro elegante, aunque seas solo un niño no puedes ir mal vestido recuerdo haber oído decir a mi madre, es verdad, era un niño de 10 años que no se explicaba que rayos hacia parado entre tanta “gente grande” que no conocía y a la que solo veía llorar, pero lo que me marco en ese momento y que quedo para el resto de mi vida en mi memoria fue sentir ese abrazo y ver esa última sonrisa en el rostro de un desconsolado anciano; para regresar al relato original, los hijos de esta pareja decidieron llevarse a vivir a su padre consigo, nunca más supe de él, pusieron la casa en venta, y llegamos al momento que empecé a narrar, junto al camión venia una camioneta grande, muy moderna, era el carro más caro que había visto en mis 10 años de vida, del cual bajo la que en el barrio fue llamada poco tiempo después y por mucho tiempo más, la familia del comercial de televisión, los padres y los dos hijos, la parejita, como es común oírlos ser llamados, pero a lo importante: ahí estaba ella, ayudada por su padre para bajar del carro, fue cuando volteo y me miro fijamente que descubrí a la niña más hermosa del mundo, o de lo que yo conocía como mundo hasta ese entonces, luego me diría que me miro fijamente porque nunca había visto a nadie bañado en barro jugando con insectos en la puerta de una casa, vi lo que hasta ahora creo que fue una sonrisa a la distancia y un intento de saludo.
En fin esta fue la primera vez que vi a alguien que no sabía lo importante que sería después para mi, volví inocentemente a mi casa y pregunte a mi mama si era posible enamorarse a primera vista como tantas veces oí decir a mis primas mayores, ella solo me cogió de la mano y me llevo en dirección al baño para lo que sería una ducha prolongada y esmerada.
Creo que merezco la tierra, de verdad, la tierra.